domingo, 26 de agosto de 2012

Cantueso, planta medicinal.

    

Cantueso (Lavandula penduculata )
Lavanda (Lavandula officinalis)






Sinonimia: Cantahueso, Cantuerca, Cantigüeso, Lavanda.
Mata perenne que puede llegar a medir un metro de altura. Está muy ramificada y las hojas son pequeñas y muy alargadas, profundamente aromáticas. Se disponen en parejas sobre el tallo, una frente a otra. Entre las diferentes parejas hay una cambio de dirección de crecimiento de 90 grados. Tanto las hojas como los tallos jóvenes están recubiertos de una fina capa de vello que les da un color blanquecino. Las flores son muy pequeñas, bilabiadas, de color lila y se agrupan en inflorescencias muy densas en las que se perciben muy fácilmente cuatro caras o hileras de flores. Estas inflorescencias se sitúan al final de un largo tallo. La floración se produce en primavera.



Crece en zonas soleadas y secas. Con el nombre de Lavanda se sobreentiende la especie de mayor interés económico, la Lavandulla officinalis. El Cantueso representa el “primo silvestre” que puede encontrarse en el campo. Es originaria de las zonas montañosas de los países del mediterráneo occidental, común sobretodo en España y Francia. En Italia está presente en muchas regiones.









Las flores secas se utilizan para preparar una infusión que tomada tras la comida mejora la digestión, es estimulante y antiespasmódica. También se puede utilizar externamente para limpiar heridas y llagas y para combatir los dolores de las articulaciones y activar la circulación. De esta planta se obtienen esencias que se usan en perfumería, farmacia natural, jabones e incluso licores.



Para las lavandas, la parte que se cosecha está constituída por las inflorescencias destinables a la producción de aceite esencial o por los cálices secos. La época de cosecha recae en períodos diferentes según el destino de la planta. Si éste es herborístico, las flores desgranadas y las inflorescencias deben recolectarse al inicio de la floración; entre junio y julio. En cambio, en caso de que las inflorescencias se destinen a la destilación, siempre es necesario respetar el período balsámico, es decir, el momento en que la inflorescencia resulta más rica en esencia. Esto sucede cuando todas las flores de las espigas están abiertas. De todas formas es posible escoger la época adecuada de forma muy sencilla, por la presencia de las abejas.



Los botánicos consideran que la Lavandula pendulata (cantueso) presenta las mismas propiedades medicinales que el resto de lavandas. Antiguamente solían colocarse pequeños ramilletes dentro de los armarios, ya que resulta ser un buen repulsivo para las polillas.


Fuente: plantasmedicinalescurativas.wordpress.com

Un nuevo paradigma en la búsqueda de seres extraterrestres: la conciencia.

La búsqueda de vida extraterrestre bajo el paradigma de la biología basada en el carbono descuida la posibilidad de que existan conciencias extraterrestres radicalmente distintas a nuestros preceptos, conciencias que podrían distribuirse por todo el universo de manera incorpórea.

 


Desde hace algunas décadas, particularmente por los esfuerzos de Carl Sagan, uno de los temas más populares de la divulgación científica es la búsqueda de vida extraterrestre. Todo los días numerosos medios de comunicación reportan sobre los últimos descubrimientos en la exploración del cosmos, desde el estudio de bacterias en meteoros, agua en la superficie de Marte o el más reciente exoplaneta que podría albergar vida. La NASA y el Instituto Seti, entre otras organizaciones, gastan millones de dólares en esta importante tarea que ejerce una profunda y vital reflexión sobre nuestro lugar en el universo. 

Casi todos los esfuerzos de búsqueda de inteligencia extraterrestre están formulados desde una perspectiva biológica y desde el paradigma antropomórfico de que la vida debe de estar basada en el carbono —ya que nosotros, la supuesta punta de lanza del universo, y toda la vida de nuestro planeta, evolucionamos con base en este elemento. Consideramos entonces que el desarrollo de la conciencia es el resultado de la complicación de la materia, un subproducto de la selección natural, embebido en un soporte de moléculas de carbono. Y entonces buscar inteligencia o conciencia fuera del planeta equivale a buscar planetas donde se podrían desarrollar seres orgánicos basados en el carbono, similares a nosotros.

Además de esta tendencia, que ha sido denominada chauvinismo de carbono, también existe la limitante que se ha seguido al suponer que los extraterrestres, de existir, intentarían comunicarse con nosotros por medio de ondas de radio, o que monitoreando las ondas de radio en el espacio podríamos detectar su presencia. Al respecto Terence Mckenna escribió: «Buscar expectantes una señal de radio de una fuente extraterrestre es probablemente una presunción limitada a nuestra cultura, tal como buscar una buen restaurante italiano en la galaxia».
Algunos científicos consideran que la vida podría formarse a partir de diferentes elementos, tales como el silicio o el hierro. El profesor de la Universidad Glasgow, Lee Bronin, se encuentra trabajando en construir células inorgánicas que sean capaces de autorreplicarse, bajo su teoría de  que “la vida” (aunque esta palabra cobra un nuevo significado) podría darse a partir de otro tipo de elementos. 
El astrofísico Victor J. Stenger va más lejos y  cree que es un “chauvinismo molecular” pensar que  la moléculas son completamente necesarias para la generación de vida en el universo. Núcleos atómicos podrían bastar en un universo tan desconocido como el nuestro.

 

La tecnofilosofía del transhumanismo no solo cree factible y cercana la creación de inteligencia artificial, sino que plantea la posibilidad de que en un futuro podamos descargar nuestra conciencia en un objeto, de la misma forma que se puede subir un software a una computadora. Esto nos lleva a la evidente pregunta de si en apenas miles de años de evolución el ser humano se acerca a un estadio donde esto ya se puede imaginar con cierta base teórica, y por lo tanto seguramente realizar (tal es el poder de la imaginación),  entonces, ¿qué podría ser de una civilización que haya tenido millones de años para evolucionar? ¿Acaso no habrían entrado al ámbito de la postbiología y podrían descargar su conciencia en un satélite computarizado o incluso dismeninarla por todo un planeta o una galaxia entera? Recurriendo a la multicitada frase de Arthur C. Clarke, “La tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, una magia tal que fusiona la conciencia con el tecné.

¿No sería entonces razonable pensar que podrían existir extraterrestres inorgánicos, inteligencias cósmicas de formas que van más allá de lo que podemos ver en la Tierra y de lo que nuestra mente refleja en el universo?

Tanto Arthur C. Clarke como Stanley Kubrick pensaban esto y por eso hicieron del monolito negro un símbolo de una inteligencia extraterrestre de la forma más abstracta posible (una inteligencia puramente geométrica o tal vez una supercomputadora inteligente extraterrestre). 

“Tales inteligencias cósmicas, creciendo en conocimiento por eones, estarían tan distantes del hombre como nosotros estamos de las hormigas. Podrían estar en comunicación telepática instantánea a lo largo del universo, podrían haber logrado la maestría total sobre la materia y de esta forma se podrían transportar instantáneamente a través de billones de años luz de espacio; en su última fase podrían abandonar la forma física y existir como una consciencia incorpórea inmortal en todo el universo”, dijo Kubrick en una entrevista sobre 2001: Una Odisea en el Espacio.

Incluso más fascinante que la gran posibilidad de que existan extraterrestres altamente evolucionados capaces de trascender la biología como la conocemos, es que la conciencia sea un fenómeno fundamental intrínseco al universo. Uno de los campos más vanguardistas de la física estudia la posibilidad de que la conciencia sea un fenómeno íntimamente cuántico, surgiendo de estados de entrelazamiento y de coherencia cuántica. 

 

El científico húngaro Ervin Lazlo explica que “en la última concepción de la física el universo no está constituido de materia y espacio, está constituido de energía e información. La energía existe en forma de patrones de onda y propagaciones de onda en el vacío cuántico que forma el espacio; en sus varias manifestaciones, la energía es el hardware del universo; el software es la información”. 

Bajo la concepción de un universo fundamentalmente informático no es del todo difícil concebir que la conciencia sea lo que genera la materia (ese maia) y no al revés, de la misma forma que la información genética programa tu cuerpo a su existencia. Esto es lo que distintas tradiciones religiosas y esotéricas han dicho por miles de años. En el budismo existe una profunda identidad entre el vacío y la conciencia (absoluta); el hinduismo sugiere que el universo no es más que el sueño de Brahma y por lo tanto todo esto no es más que mente;  en el gnosticismo se manifiesta que el universo es la emanación del Logos; la cábala también concibe al mundo como creado a partir del lenguaje, de tal manera que la palabra es previa y más esencial que el polvo, es el verdadero polvo adánico. 

La información, el lenguaje y la memoria están indisociablemente ligadas a la conciencia. Y tanto la información  como el lenguaje y la memoria no dependen necesariamente de un cuerpo orgánico para existir —en todo caso usan vehículos orgánicos para replicarse. El biólogo Rupert Sheldrake ha formulado una fascinante teoría de campos morfogenéticos en la que señala que la memoria existe distribuida en la naturaleza a la manera de un campo (como la gravedad) y como tal va más allá de los cuerpos que supuestamente contienen una memoria. Los organismos, según Sheldrake, sintonizan esta memoria particular a una especie —en este sentido la memoria es parte del espacio, de manera similar al concepto de Akasha en el hinudismo: un registro holográfico de todo el universo.

Todo esto para plantear la hipótesis de que la conciencia puede manifestarse de formas que trascienden nuestra habitual vinculación de conciencia-cerebro (materia). Por siglos las religiones han sostenido supuestas comunicaciones con seres divinos, incorpóreos, y por milenios las culturas chamánicas han sostenido comunicarse con entelequias, númenes, fuerzas de la naturaleza, elementales, ancestros o espíritus que revelan información que difícilmente podrían obtener ellos mismos. Algunas de estas culturas chamánicas o indígenas sostienen en su cosmogonía que algunas de la conciencias con las que se comunican provienen del espacio. Tal es el famoso caso de los Dogon, una tribu africana que, sin entrar en contacto con la ciencia occidental, descubrió que el sistema de Sirio era un sistema estelar binario. Los Dogons señalan que esta información les fue revelada por unos seres acuáticos provenientes de Sirio.

Aunque entramos, por un momento, a un terreno que se aleja del método científico, y que no podemos constatar si un mensaje es verdaderamente de origen astral o solamente una autoproyección cósmica del cerebro humano, consideremos por un momento la posibilidad de que conciencias extraterrestres puedan comunicarse con el hombre. Tanto Aleister Crowley como George Gurdjieff, Timothy Leary, Robert Anton Wilson y Phillip K. Dick, en algún momento de sus vidas, creyeron o al menos imaginaron estar en contacto telepático con inteligencias extraterrestres justamente de la estrella de Sirio (esto es algo que relata Robert Anton Wilson en su libro Cosmic Trigger).  En su perihelio gnóstico, Phillip K. Dick incluso conjuró en VALIS una deidad informática siriana que programa, como un simulacro, nuestra realidad.

Curiosamente varias culturas clásicas en la historia humana, como la egipcia, la griega y la maya, relacionaron a sus dioses con estrellas y planetas del sistema solar. Esto tiene un carácter eminentemente simbólico, astrológico, pero en algunos casos se llegó a jugar con la literalidad. Tal es el caso de los numerosos semidioses o reyes que al morir se convierten en estrellas (como si la iluminación, la trascendencia, fuera “graduarse” de la Tierra para ascender a la conciencia astral).


En su libro The Physics of Angels, escrito junto con Matthew Fox, Rupert Sheldrake indaga la posibilidad de que los cuerpos celestes puedan tener conciencia de sí mismos (algo que permea todas las tradiciones religiosas autóctonas: que la Tierra es un ser consciente, la Madre Tierra).

«La segunda pregunta que viene a la mente es: bueno, si el universo está vivo, si los sistemas solares y las galaxias y los planetas están vivos, ¿también están conscientes? ¿O están vivos pero no tienen conciencia, de la misma forma que tal vez una bacteria puede estar viva pero no tiene conciencia? ¿Y el tipo de vida que puede existir en el cosmos tiene más conciencia que nosotros, o asumimos que es mucho menos conciente que nosotros? ¿Somos los seres más concientes que existen en el universo? La respuesta común de la ciencia es que sí. Yo creo que esa es una presunción muy poco probable. Así que si llegamos a la idea de muchas formas distintas de conciencia, si la galaxia tiene vida y conciencia, entonces debería de tener una conciencia mucho mayor que la nuestra —mayor en extensión, mayor en sus implicaciones y poder y mayor en la expansión de su actividad. Esto desde el punto de vista de la ciencia es una idea ridícula, porque la ciencia ha erradicado la conciencia de cualquier otro lugar en el universo que no sea el cerebro humano», dice Sheldrake.

Aunque expulsado y confinado por la comunidad científica mainstream, Sheldrake tiene una impecable formación académica (egresado de Cambridge), de ahí que se atreva a tocar un tema que evidentemente supera la capacidad (y la apertura) que tiene la ciencia moderna, enramando explorativamente esta hipótesis con los postulados del más esotérico gnosticismo. Según la filosofía gnóstica, existen una serie de seres superiores llamados arcones, cada uno de los cuales es una inteligencia rectora de un planeta (Sofía, la sabiduría, en el caso de la Tierra). Los arcones, de manera similar a los ángeles (aunque con un lado oscuro, ya qu según algunas versiones son como arquitectos de la matrix-prisión de realidad donde servimos como alimento), sirven al demiurgo y regulan un sistema estelar.

En su magnifica novela The Three Stigmata of Plamer Eldritch, el gnóstico Phillip K. Dick escribe en voz de una inteligencia extraterrestre:

«Lo que quiero decir es que me convertiré en todas las personas del planeta [...]. Seré todos los colonos mientras arriban y empiezan a vivir aquí. Guiaré su civilización. Es más: seré su civilización».

 

Estamos buscando vida extraterrestre, pero, ¿por qué no buscar conciencias extraterrestres y superconciencias aquí en la Tierra?  El mensaje cósmico del espacio podría ser el Logos del Sol, el lenguaje de fotones de nuestra estrella, algunos códigos saturnales o, por qué no, unas cálidas radiaciones venusinas.  Y por supuesto la inteligencia íntima, la con-ciencia compartida de la Tierra —la voz azul de nuestros huesos— de la cual quizás solo seamos (todos) una especie de prótesis avatárica. Sí, estamos conscientes de que esto es una forma de neopaganismo seudocientífico que mezcla diversos conceptos para formular una hipótesis que se apoya más en la imaginación (aunque también en la intuición) que en las “verdades comprobables”, pero, ¿por qué autolimitarnos en nuestro llamado de la radical otredad cósmica, la entidad eterna buscada por todos desde el principio del tiempo? Y he aquí la teoría del nuevo paradigma de búsqueda extraterrestre: esa búsqueda debe de hacerse en nuestra propia conciencia. Porque si la conciencia es un fenómeno cuántico, inmanente y ubicuo en el universo, entonces nuestra conciencia está entrelazada a la conciencia astral de seres extraterrestres —que quizás no necesariamente sean divinos amigos, sino todo lo contrario, algunos podrían ser predadores de nuestra conciencia dentro de la pirámide evolutiva (y entonces conocerlos sería vital para nuestra libertad).

«Ya que en realidad el universo está compuesto de información, entonces puede decirse que la información nos salvará», dice K. Dick en VALIS, donde también añade: «La “salvación” a través de la gnosis —anamnesis (la pérdida de la amnesia), mejor dicho— aunque tiene un significado individual para cada uno de nosotros —un salto cuántico de percepción, identidad, cognición, entendimiento, experiencia de mundo y de ser, incluyendo la inmortalidad— tiene mayor significado para el sistema como un todo, ya que estas memorias  son datos valiosos que se necesitan para su funcionamiento general».

La ferviente posibilidad de que todo el universo sea un ser consciente del cual somos parte indivisible llevando a cabo una especie de misión informática para su código a través de nuestras experiencias —las cuales  lo alimentan— es sin duda, bajo el entendimiento de la espiritualidad moderna, uno de los más resonantes vislumbres articulados por diferentes personas desde diferentes ópticas. En cierta forma no seríamos nosotros los que experimentamos algo, sería la experiencia (el universo mismo en su infinito ser) la que nos experimenta (el universo se experimenta a sí mismo desde la diversidad en un juego de rol).

Quizás la clave, como señala K.Dick y como antes cifró Platón, sea la memoria, recordar quiénes somos. Acceder a nuestro ADN a plenitud o a los registros de nuestro espíritu, quizás sea una forma de encontrar también esa otredad cósmica que ansiosamente buscamos, intuyendo que en su espejo podremos observar una pieza ausente de nuestra esencia. El amor o el pavor por el alien posiblemente sean manifestaciones de una importante transformación en ciernes. La Conciencia que nada en sí misma y se hace más grande al descubrir que está compuesta por un arcoíris galáctico de entidades.

Publicación: 19/09/2011


Fuente: pijamasurf

Imagen: Transmigración Álmica.




Fuente: pijamasurf

Imagen: Semillero ecológico casero.







Fuente: Internet.

Imagen: Red de poder.




Fuente: Internet.

Imagen: Frigorífico ecológico.




Fuente: Internet.

Imagen: Extraterrestres salvadores.




Fuente: Internet.

Imagen: Efectos de la meditación en el cerebro.




Fuente: Internet.

Imagen: Camiseta-bolsa.




Fuente: María Soledad Arizaga Merlo.

sábado, 25 de agosto de 2012

Bricomanía: Compostaje sencillo.



 
En esta ocasión, os mostraremos cómo crear compost o compostaje con los residuos orgánicos del jardín.
En un jardín se suelen obtener dos tipos de residuos orgánicos. Por un lado, los residuos húmedos con un alto contenido de agua, como por ejemplo los restos de la siega de césped. Y por otro lado, los residuos más secos y leñosos, que se obtienen de la poda o del pinzamiento de los setos. Para hacer un buen compost hay que alternar estos dos tipos de residuos.
Cuando tengamos los dos tipos de residuos, podremos comenzar a compostar. El primer paso en el proceso de compostaje es la fermentación. En este momento los residuos cogen una temperatura muy alta, y una vez pasado este primer periodo, toda la materia orgánica empieza poco a poco a coger una cierta estabilidad. En este segundo proceso, suelen aparecer gusanos que van comiendo toda la materia orgánica hasta que llegue finalmente a un proceso de compost finalizado.
Para evitar un grado exceso de humedad en el compostaje hay que realizar la mezcla de los dos tipos de residuos orgánicos que hemos comentado al principio. Hay que taparlo y esperar a que se realice todo el proceso. Una vez haya pasado el tiempo correspondiente, llegará el momento de hacer la cosecha del compost y poder utilizarlo para los diferentes trabajos del jardín.





Vía Bricomanía

La edad natural del destete.

 

chimpance

La antropóloga Kate Dettwyler, de la que ya hemos hablado anteriormente, cifra la edad natural del destete de los humanos entre los 2 años y medio y los 7 años. Su tesis la sostiene el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría en su Manual de Lactancia para Profesionales.

La Dra. Dettwyler llega a esta conclusión después de analizar varias variables antropológicas y etológicas, basándose en numerosos estudios de estas especialidades sobre los animales y especialmente sobre el comportamiento de los primates.

Los primates, nuestros cercanos parientes, destetan a sus crías cuando empiezan a aparecer los primeros molares definitivos, lo que en el humano sucede hacia los 5 años y medio y los 6 años.
Además, estas especies, con las que estamos muy cercanamente emparentados, suelen destetar aproximadamente cuando la cría ha llegado a la mitad del inicio de la edad de su madurez reproductiva, lo que en los humanos volvería a dar una cifra de los 6 o 7 años.

Referente al peso alcanzado por la cría, muchos animales realizan el destete cuando se alcanza el triple del peso al nacer, lo que en este caso nos daría una edad de 1 año. Sin embargo, los animales de mayor peso lo hacen cuando se cuadriplica el peso del nacimiento, lo que si marcaría una edad no menor de 3 años aproximadamente.

Añade otros datos, como es la duración de la lactancia en relación con el tiempo de gestación. En algunos mamíferos es cierto que esto sucede cuando ha pasado el mismo tiempo que dura el embarazo, pero en el caso de los animales de mayor peso la relación entre lactancia y gestación es mayor, doble, triple, cuádruple incluso. Y en el caso de gorilas y chimpancés, los más semejantes a los humanos de todos nuestros parientes, la lactancia dura seis veces más que el embarazo, así que en los humanos la pauta, si se aplica esta variable, sería de 4 años y medio.

Por último, señala como se ha destacado que el sistema inmunológico de los niños no está completamente maduro hasta después de los seis años, lo que haría que la lactancia materna los protegiera hasta entonces, reforzando su sistema inmunitario y haciéndoles llegar anticuerpos.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que la lactancia materna continúe, como mínimo, hasta los dos años, combinada con otros alimentos. Numerosos estudios científicos han demostrado que los bebés amamantados hasta los dos años tienen una salud mas fuerte, tienen una menor incidencia de muchas enfermedades en la edad adulta y hasta alcanzan un coeficiente intelectual más alto. Sin embargo no hay estudios sobre los beneficios de la lactancia materna más allá de los dos años, aunque nada indica que todo lo que anteriormente proporcionaba cese cuando el bebé va creciendo.

Las comparativas antropológicas indican que la duración de la lactancia es una pauta muy influida por cuestiones culturales. En el caso de la sociedad occidental, la idea de que un niño mame con cinco o seis años, no está aceptada de forma general, pero como todas las cuestiones culturales no es un universal que debamos aceptar apriori como verdadero. El tener un hijo nos hace replanterarnos muchas cosas y aprender que mucho de lo que pensabamos antes podemos pensarlo, por él y gracias a él, otra vez más.

Trataté de recopilar para posteriores temas algunas de las costumbres entre otros grupos humanos y seguramente nos asombre como, si comparamos el número de sociedades humanas, la lactancia prolongada es algo bastante generalizado entre los seres humanos actuales y pasados. Y curiosamente, es uno de los datos que marcan la forma de crianza y el tipo de adulto que esa sociedad señala como el adecuado.

Las madres que amamantan de forma prolongada y no fuerzan el destete relatan como este va sucediendo generalmente de un modo muy paulatino y lento. Las tomas se convierten en breves y espaciadas, durando la lactancia y la leche varios años más. La lactancia termina cuando el niño lo reclama así o sencillamente, cuando un día descubren que hace un mes o dos que lleva sin pedirles ni siquiera un poquito.

Realmente no hay motivo alguno, si así lo desean hijo y madre, para destetar cuando el niño cumple los dos años. Ni médico, ni científico ni psicológico, ninguno demostrado. Y un dato a tener en cuenta es que los estudios antropológicos y etológicos indican que nuestras crías mamarían, en estado natural, hasta bastante después.

Más información | Página de Kate Dettwyler
Más información | Manual de lactancia materna para profesionales. Comite de Lactancia Materna de la AEP
En Bebés y más | Katherine Dettwyler, una antropóloga especialista en lactancia
En Bebés y más | Como sería la crianza humana en estado natural


"Existe una relación entre nacimiento, crianza y cultura", entrevista a la antropóloga María José Garrido.


parto y crianza en otras culturas

Continuamos entrevistando a la antropóloga María José Garrido, que está especializada en la antropología de la crianza. En esta entrega vamos a abordar temas como el parto, la lactancia y la paternidad en otras culturas.

¿Puedes hablarnos de las costumbres en torno al parto en otras culturas?
Las antropólogas Karen Rosenberg y Wenda Trevathan han investigado sobre la evolución del parto humano, tras la encefalización y la bipedestación, que conllevaron una cierta obstetricia obligatoria: la necesidad de algún tipo de asistencia en muchas culturas.
Comprobaron que en casi todas las culturas, así como en sociedades tradicionales, un grupo de mujeres, parteras o familiares, solía atender a la mujer durante el parto.
Aunque no en todas es así: las bosquimanas de Kalahari tradicionalmente dan a luz solas, cada 4 ó 5 años, sin compañía ni ayuda. Los ache de Paraguay dan a luz en público y al nacer una madrina se hace cargo del recién nacido durante los primeros días, estableciendo una relación especial para toda la vida.
Existen estudios, como el del antropólogo John Whiting, que puso de manifiesto una fuerte relación entre una dieta baja en proteínas y un tabú prolongado de relaciones sexuales tras el parto, prohibiendo relaciones durante un año o más tras el nacimiento. Posiblemente porque resultaba una solución adaptativa, al retrasar el siguiente embarazo y prolongar la lactancia, el bebé tenía más posibilidades de sobrevivir en un medio con carencias de proteínas.

¿Podemos decir la forma de nacer influye en el comportamiento de lo seres humanos?
Parece claro que existe una asociación entre nacimiento, crianza y cultura resultante, como sostiene Michel Odent, a raíz de sus investigaciones en el Centro de Investigación de Salud Primal en Londres, donde estudian a los bebés nacidos en contextos de partos respetados, cuyas características físicas y psíquicas difieren de las habituales en bebés nacidos en entornos medicalizados.

¿Los padres suelen estar presenten en los partos en otras culturas?
Respecto a si el padre está presente durante el parto, aunque en algunos grupos es un acontecimiento público, en general no hay constancia de que los padres estén presenten o participen de forma significativa en el proceso.

La lactancia materna ha sido siempre lo normal y habitual, pero ¿existen amas de cría o se daba leche de animales a los bebés en otras culturas?
En cuanto a la alimentación, tradicionalmente en Occidente ha sido habitual el amamantamiento de los niños por amas de cría o nodrizas, más que la leche de otros animales. Se trataba de mujeres contratadas para amamantar hijos ajenos.
Existe constancia de su existencia desde el siglo II en los harenes egipcios. De hecho ha sido lo habitual a lo largo de la historia si la madre no podía o no quería amamantar o si había fallecido, ya que hasta el siglo XIX no apareció la primera fórmula artificial.
La leche artificial nació en 1867, compuesta por leche de vaca, harina, bicarbonato de potasio y malta. En 1911 había a la venta cien variedades de leche. La alimentación infantil pasó a convertirse en un negocio, respaldada por los médicos. Según UNICEF, cada año muere un millón y medio de bebés por no haber sido amamantados y en Occidente, además, provoca un aumento de trastornos crónicos.

¿Se criaba en tribu o la madre estaba en exclusiva con su hijo y sola?
En general parece ser que la Humanidad ha criado en tribu. Los bebés estaban en contacto con adultos o niños que los cuidaban mientras sus madres trabajaban. Por ejemplo, los bebés gussi, en África, permanecen al cuidado de otros niños, mientras sus madres trabajan en las huertas.
En un 60 % de 67 sociedades estudiadas por Whyte en 1978 predominaba el cuidado, manejo y disciplina de los hijos por parte de la madre. No obstante, en grupos de cazadores y recolectores, como los ju/`hoansi san, los padres se encargaban activamente de la crianza de sus hijos.

¿La falta de vinculación padre-bebé es algo común en todas las culturas, natural, o más bien es cultural?
El parentesco es una construcción cultural. Existen culturas que asignan la función paterna a personas diferentes del padre biológico, pero en todas hay alguna figura paterna.
En algunas creen que son los espíritus quienes introducen los bebés en el vientre de las mujeres. En otras, el bebé debe ser alimentado durante el embarazo mediante la inseminación continuada.
Existen lugares donde la paternidad es múltiple, como entre los bari de Venezuela, donde se piensa que varios hombres pueden crear el mismo feto. Los hombres con los que la madre tuvo relación sexual durante el año anterior al nacimiento, se consideran los padres y contribuyen a la crianza del hijo, aumentando así sus posibilidades de supervivencia. En los ache de Paraguay, por ejemplo, se convierten en padres secundarios.
También entre los pueblos aborígenes de Sudamérica, África, Australia y Asia creen que es necesario realizar más de una relación sexual para concebir un bebé, aunque existen diferencias entre ellos en aceptar socialmente la paternidad múltiple o de un solo progenitor.
Los trobriandeses mantienen relaciones muy afectivas con el padre, que pasea, limpia, baña y alimenta a los niños con puré. Pasan mucho tiempo con ellos en brazos o en su regazo mirándolos a los ojos, puesto que es la forma en que pueden modelar el rostro del hijo. La madre también tiene una relación afectuosa con los hijos, los abraza, acaricia y juega con ellos durante toda la infancia.

¿Puedes explicarnos que es la covada y en que culturas se presentaba?
En algunas sociedades tradicionales, los padres tienen una vinculación muy fuerte con el bebé, mostrando síntomas de embarazo y de parto. De forma que llegaban a ser atendidos por su comunidad durante el parto, mientras la madre daba a luz en otra parte. Existe constancia de la couvade desde el siglo III a.C.
Hasta mediados del siglo XX se ha comprobado alguna forma de covada en distintas partes del mundo, como Laponia, Borneo, Inglaterra, Francia, Brasil, Alemania o España. Por ejemplo, en Casas de Ves, en Albacete, el hombre se acostaba con el recién nacido, le ponía su camisa y quemaba la placenta en una hoguera ritual.
En otros lugares tenía un carácter más simbólico, como en Alabama y Carolina del Sur, en EEUU, donde el padre ponía el sombrero en la almohada del lecho de la parturienta.

¿Hacen covada los hombres actuales implicados en la crianza?
En sociedades desarrolladas también se ha comprobado que los padres muestran síntomas físicos similares a los de sus mujeres embarazadas, como demuestra que sus niveles de oxitocina y prolactina también se incrementan, como se ha constatado en los últimos años.

Nos dejamos para mañana algunos últimos temas en los que, la perspectiva de una antropóloga con el conocimiento de nuestra entrevistada, María José Garrido, creo que es indispensable: el sueño infantil y la educación de nuestros hijos. Una vez más, el conocimiendo de la naturaleza humana, nos mostrará lo que es más sano para los niños.

 Mireia Long   19 de agosto de 2012


Fuente: bebesymas.com 

"Cada cultura moldea a sus individuos a través de la crianza." Entrevista a la antropóloga María José Garrido. (II)


niños baka

Publicamos el miércoles la primera parte de esta entrevista a la antropóloga María José Garrido y hoy continuamos hablando con ella.
Nos ha explicado como la crianza más amorosa se realiza en sociedades no violentas y, a la vez, las crianzas desapegadas son la base de las sociedades que practican la agresión y la guerra. Queremos profundizar sobre la manera en la que la crianza de los niños es determinante en la forma de sociedad en la que vivimos.

¿Se diseña la educación y la crianza para conseguir un ciudadano modelo?
Así es, cada cultura moldea a sus individuos a través de la crianza, favoreciendo ciertos valores en detrimento de otros.
En los países industrializados de Occidente, se fomenta la independencia, el éxito individual, la propiedad privada o la competitividad; mientras que en culturas tradicionales impera el concepto de comunidad sobre el individuo, por lo que se favorece la cohesión social.
Por eso, los valores que se alientan son la reciprocidad, la ayuda mutua, la cooperación y la solidaridad social. No hay duda de que todas las normas sobre crianza: lactancia, alimentación, cómo deben dormir, actitud hacia el llanto infantil, grado de contacto físico con los bebés, etc. no son producto de la casualidad, sino que tienen una función social.

¿Cuál era el papel de los padres en las sociedades tradicionales?
El de transmitir los valores del grupo. La primera socialización de los niños se produce en la familia, que constituye el primer contexto de referencia sobre el mundo. Nuestro concepto de nosotros mismos, de las relaciones humanas y del mundo, se gestan en la infancia.
Posteriormente puede atenuarse, pero la tendencia de nuestro carácter, la forma de gestionar emociones y nuestra cosmovisión, serán las que aprendimos en primer lugar. De ahí la importancia de la crianza, puesto que en la infancia está el germen de la sociedad del futuro.

Se habla mucho del paradigma de la cultura patriarcal, pero ¿existieron las culturas matriarcales o habría que matizar este concepto?
No hay consenso entre los antropólogos sobre si existen o han existido grupos matriarcales, cuestión que puede explicarse porque no se encuentran en ellos características de desigualdad de género tan marcadas como en los patriarcales.
Los grupos matriarcales parece que no han tenido una desigualdad de poder tan marcada como en el patriarcado. Pero, más que una primacía política de las mujeres, se trataría de colaboración en fines comunes por parte de hombres y mujeres.
Aunque su poder se extiende a los ámbitos económico y social, la tendencia es tomar las decisiones por consenso. En estos contextos, las mujeres son la base de toda la estructura social. Por ejemplo, se documentó entre los iroqueses (Brown, 1975), donde las mujeres controlaban la economía local siendo las propietarias de la tierra y controlando las alianzas.
En Malasia, en Negeri Sembilan, las mujeres han sido tradicionalmente las propietarias de los campos de arroz. En Indonesia, los minangkabau de Sumatra Occidental son matrilineales, así como los isleños trobriandeses del Pacífico Sur. Los ache de Paraguay son matrilocales, de forma que, después del matrimonio, la pareja convive con la familia de la mujer.
Por su parte, los nayar viven en la costa de Malabar en la India en grupos domésticos encabezados por las mujeres. Entre ellos, el marido y la mujer no comparten la misma residencia. Se trata de una sociedad matrilineal en la que cada uno de los miembros de la pareja vive con su grupo matrilineal.
En algunas sociedades de Indonesia, África occidental y el Caribe, también hay grupos matrifocales, cuya organización está centrada en la madre, ya que los varones están lejos durante largos periodos, aunque no se trate de un matriarcado en el sentido del patriarcado que conocemos, puesto que el poder político lo ostentan los hombres, aunque son los que ellas designan, como ocurre entre los Mosuo en China. También en China, los “na” poseen una estructura social de familias encabezadas por mujeres, sin esposos ni padres, compartiendo la misma residencia.

¿Sabemos algo de esas culturas sobre su crianza? Me refiero a las matriarcales, matrilocales o matrilineales y matrifocales.
Los minangkabau, por ejemplo, se caracterizan por un énfasis en incluir lo maternal en la vida cotidiana. Hacen de lo maternal el eje de la vida y del orden social. Entre los nayar, los niños son cuidados por el grupo, no conociendo en muchos casos su genitor.
Parece claro que en aquellas sociedades en las que las mujeres controlan los matrimonios y otros aspectos de la vida social, tanto mujeres como hombres tienen diversas parejas, la sexualidad es más flexible y se difuminan las responsabilidades de la crianza de los hijos.

¿Nació el patriarcado con la posesión de la tierra y la agricultura?
Aunque todas las sociedades humanas tienen algún tipo de división del trabajo basada en el género y en la edad, todo parece indicar que, a partir del Neolítico, hace 10.000-12.000 años, con la aparición y difusión de la agricultura, así como con la domesticación de especies animales, se produjo el comienzo del proceso de las desigualdades sociales.
Por un lado, al aumentar la producción de alimentos y su necesidad de acumularlos y gestionarlos, la población aumentó considerablemente, se volvió sedentaria y requirió que ciertos individuos controlasen este excedente de producción. Se pasó de la reciprocidad a la redistribución y, posteriormente, al intercambio de mercado, característico de los estados.
También requirió que se regularan las relaciones sociales, al pasar del tamaño de la banda a la jefatura, y de ésta al estado. Esto pudo ser el germen del patriarcado.
Con la agricultura se separó a la mujer de la producción por primera vez en la historia de la humanidad, comenzando la separación entre los ámbitos público y privado. La mujer fue quedando aislada de sus parientes y la sexualidad pasó a estar rígidamente controlada.

¿Los pueblos no agrícolas o no patriarcales son menos violentos?
Está comprobado que la guerra no es habitual en la mayoría de sociedades de forrajeros (cazadores y recolectores), que suelen ser grupos de tamaño reducido organizados como una banda, en los que el líder tiene más prestigio que poder político o económico.
También se ha comprobado que los sistemas en donde la filiación y la residencia se basan en la línea materna, la presión de la población sobre los recursos estratégicos es menor (no es necesario controlar la natalidad) y la guerra es poco frecuente.
Sin embargo, existe una clara relación entre patriarcado y violencia, a través de guerras, infanticidio femenino, asesinato por la dote, clitoridectomía, incluso en sociedades contemporáneas.
La violencia doméstica es un problema de escala mundial, favorecido por el aislamiento de las redes de parentesco extendido en las sociedades industrializadas. Así mismo, se ha comprobado que la estratificación de género se reduce notablemente en sociedades matrilineales y matrifocales.

¿Hay alguna cultura que podamos tomar como modelo para la crianza respetuosa de nuestros hijos?
En realidad podríamos retomar cuestiones de crianza que se han practicado de forma generalizada hasta hace no demasiado tiempo en nuestra cultura. Por ejemplo, en zonas rurales, la práctica de la lactancia prolongada ha sido común. Se trataría de recuperar el instinto, el sentido común y la confianza en nosotras y en nuestros hijos.
Por otra parte, hay elementos que se podrían adaptar de otras culturas, como la práctica del colecho hasta edades avanzadas, que es la norma del sueño infantil en Japón. Aunque sin olvidar que pertenecemos a una cultura con sus propios símbolos y valores, por lo que lo ideal sería buscar un equilibrio entre las necesidades biológicas de los niños y las necesidades culturales de los adultos.
Si hay que llevar a un niño a una guardería y no hay otra opción, podemos compensarle cuando estemos con él, entendiendo su necesidad de más tiempo con nosotros, por ejemplo. Cada cultura tiene sus razones y constituyen una adaptación a un medio concreto, que no podemos obviar.
Pero podemos buscar fórmulas para que eso no afecte al desarrollo y la salud infantil, al alterar sus necesidades fisiológicas y emocionales
Me ha encantado entrevistar a María José Garrido, una antropóloga especializada en la antropología de la crianza, pero nos han quedado algunas cuestiones que tratar más a fondo, que pronto abordaremos.

Mireia Long   10 de agosto de 2012 | 08:00


Fuente:bebesymas.com

"Hay una estrecha relación entre crianza y violencia". Entrevista a la antropóloga María José Garrido. (I)


antropología y crianza

Hoy, en Bebés y más, os ofrecemos la primera parte de la entrevista que hemos realizado a la antropóloga María José Garrido con quien hablaremos en profundidad sobre lo que su disciplina puede aportar a la crianza, interesándonos en las diferentes formas en las que cada cultura atiende y educa a sus hijos.

María José Garrido es madre, historiadora, arqueóloga y antropóloga, lleva años investigando la relación entre crianza y cultura, así como las consecuencias de los diferentes modelos de educación y atención infantil en la vida adulta y en el tipo de sociedades que conforman. Recientemente ha concluido su tesis doctoral sobre antropología de la crianza, etnopediatría y crianza respetuosa en Internet.

Me gustaría, María José, profundizar en el tema de la violencia. ¿Es innata la violencia?
No, en absoluto. No hay en nuestra biología una tendencia hacia el comportamiento violento. De hecho, el estudio de distintas especies ha mostrado que el estatus dentro del grupo se adquiere, sobre todo, por la actitud de cooperación y por el desarrollo de ciertas funciones sociales que benefician al grupo. La guerra, por tanto, es producto de la cultura y no de la biología.
No existe en nuestra genética o en nuestra neurofisiología nada que nos incite a la agresividad. A estas conclusiones llegaron en 1986 una veintena de científicos internacionales procedentes de distintas disciplinas, al firmar la Declaración sobre la violencia, en la que refutaban las teorías supuestamente científicas que justificaban la violencia y la guerra. La violencia, por lo tanto, se aprende.

¿Existen o han existido, alguna vez, culturas que podamos calificar de no violentas?
Entre otros, el antropólogo francés Pierre Clastres ha analizado la “arqueología de la violencia”, revisando las teorías sobre la agresividad en sociedades primitivas. Llegó, igualmente, a la conclusión de que la guerra es una construcción cultural.
A lo largo de la historia de la humanidad han existido y siguen existiendo culturas pacíficas. Las investigaciones antropológicas, neurobiológicas, psicológicas y psiquiátricas coinciden en que la tendencia natural de nuestra especie, dada nuestra naturaleza social, es la integración y la solidaridad.

¿Qué rasgos comunes tenían esas culturas pacíficas?
Sus relaciones se basan en la cooperación y la negociación más que en la confrontación. No existe competitividad entre los adultos ni agresividad.

¿Nos puedes hablar de algunos ejemplos?
Por ejemplo, los yecuana y los sanema, que investigó Jean Liedloff en Venezuela, no conocen la infelicidad, los conflictos, el concepto de trabajo ni las normas de nuestra cultura.
En esas sociedades, se acepta la diferencia y la diversidad, por lo que no pretenden forzar ni convencer a los demás. La vida gira alrededor de la integración y la reciprocidad. Tienen carácter igualitario y su sistema social suele estar basado en el parentesco y la amistad.
Predomina el concepto grupal y de comunidad sobre lo individual, por lo que carecen del concepto de intimidad o privacidad. Reparten los recursos mediante la reciprocidad, que evita cualquier tipo de desigualdad social o económica.

¿Su forma de criar y educar a los niños era especialmente amorosa?
A la luz de las investigaciones sobre grupos que viven en condiciones similares a la Edad de Piedra, como los yecuana de Venezuela, los bosquimanos del Kalahari, los ache de Paraguay o los arapesh de las islas Trobriand, desde que nacen los niños están en contacto físico con el cuerpo de alguien, adulto o niño.
Además, los bebés y niños permanecen cerca de todos los acontecimientos del grupo. No se deja llorar a los niños y la lactancia se produce a demanda durante varios años. También suelen dormir los adultos junto a los niños.
Entre los kung san del Kalahari, por ejemplo, no dejan sólo al bebé, lo llevan en una especie de cabestrillo que les permite cierta movilidad y tomar el pecho a voluntad. Se estima que, de media, maman cada 13 minutos. Los bebés no suelen llorar y, cuando ocurre, son consolados de inmediato con el pecho. El destete se produce cuando va a nacer el siguiente hijo.
Es habitual que el bebé vaya cargado en posición vertical, como entre los ache, para que pueda desarrollar su capacidad motriz.
En muchas de estas culturas conciben la maternidad a tiempo completo, duermen el primer año con el bebé para protegerlo y permanecen en contacto físico con la madre casi todo el día.

¿Cómo eran las crianzas en las culturas pacíficas?
En estos grupos la crianza era amorosa, aunque no en todos los casos: los gusii de África oriental cuidan de sus niños al considerarlos vulnerables, duermen con ellos, mantienen un contacto físico estrecho y la lactancia se produce a demanda durante varios años; pero no existen manifestaciones afectivas hacia ellos.
Por su parte, la cultura tradicional japonesa considera a los niños seres puros que deben estar unidos a su madre. Fomentan la integración de la familia a través del sueño compartido y de la ternura en el trato hacia ellos, como forma de que se conviertan en adultos conectados socialmente. No valoran la independencia, por tanto. El vínculo, para ellos, es saludable y la dependencia infantil, necesaria para su seguridad emocional. Entre los arapesh también daban mucha importancia a mantener un estrecho contacto físico con los bebés.
Suelen coincidir en respetar los procesos madurativos del niño, sin forzarlos, y aceptar que los niños son sociables por naturaleza y necesitan la compañía de adultos y otros niños como modelo de comportamiento. Paradójicamente, los niños en esas culturas son más independientes y autónomos que en Occidente.

¿Dirías que hay relación de causa y efecto entre crianza y violencia en una cultura?
Sin duda hay una relación estrecha entre crianza y violencia.
La violencia está en relación con la capacidad de vincularse, de desarrollar la empatía, la confianza o la solidaridad.
Numerosas investigaciones han corroborado que niños maltratados se convierten en padres maltratadores. Entre los yecuana y sanema, por ejemplo, los niños no muestran agresividad, celos entre hermanos, infelicidad, ni tampoco rabietas. No se pelean ni discuten entre sí.
La tribu arapesh, que estudiaron antropólogos como Malinowsky y Margaret Mead, se caracterizaba por una lactancia prolongada, la ausencia de represión en la sexualidad infantil y un gran contacto físico con los niños desde el nacimiento. Según sua análisis, estos factores estaban directamente relacionados con el grado de violencia del grupo, basando sus relaciones en la cooperación y el bienestar, siendo inexistente el suicidio.
Por otra parte, el contacto físico está íntimamente relacionado con el grado de violencia.
James W. Prescott estudió 49 tribus de todo el mundo y llegó a la conclusión de que los grupos con poco contacto físico y escasa afectividad con los niños, desarrollaban mayor grado de violencia en la edad adulta. Sin embargo, en aquellas sociedades en que mantenían estrecho contacto con sus hijos, la agresividad era prácticamente nula.
Vamos a seguir hablando con la antropóloga María José Garrido sobre la crianza en estado natural y sobre la forma en la que, la forma en la que tratamos el nacimiento y la infancia, influyen en la sociedad en la que vivimos.

Afirman que se pueden tener orgasmos en el parto.


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Cuando hablamos de parto siempre nos viene a la cabeza aquel momento extremadamente doloroso en que un bebé atraviesa el canal del parto hasta salir al exterior.

Son numerosas las técnicas y las recomendaciones para tratar de paliar ese dolor y hacer del parto un momento lo más placentero posible.

Sin embargo hablar de un parto placentero suele ser una manera de decir “creía que sería peor” y al parecer algunas mujeres son capaces de tener un orgasmo en el momento de parir, dando así al término placentero un significado mucho más real.

La explicación biológica, según los estudios iniciados por la Dra. Beverly Whipple en 1989, es que la presión que ejerce la cabeza del bebé en el sistema nervioso pélvico estimula muchos de los puntos que tienen un papel determinante en los orgasmos vaginales, cervicales y de clítoris.

Durante el parto, además, se produce más oxitocina, la hormona del amor que se segrega también en más cantidad cuando estamos enamorados, con las personas que nos hacen sentir bien y cuando mantenemos relaciones sexuales.

“Me habían dicho que esperara un parto doloroso, sin embargo yo estaba preparada para una sensación de éxtasis sexual, algo así como la misma sensación producida por la penetración… agachada sobre mis rodillas tomé al bebé que venía desde mi vagina a este pequeño mundo a través de mis piernas en medio de un extraordinario orgasmo”
, extraído de They Don’t Call it a Peak Experience for Nothing, por Ruth Claire.

Las cuatro claves que explica Yvonne Fullbright, sexóloga, para lograr disfrutar al máximo del momento del parto son superar los temores, asumir que el embarazo no es un obstáculo para la vida sexual, estar dispuesta a abrazar la idea del placer sin límite durante el parto, y no poner barreras psicológicas a la llegada del momento.Si repasamos un poco el momento del parto estaremos de acuerdo en que forma parte de la sexualidad de la mujer y de esta manera pensaremos que, por qué no, algunas mujeres pueden vivirlo con placer hasta el punto de tener un orgasmo.Sin embargo es complicado pensar que pueda suceder a muchas mujeres por la dificultad de eliminar los temores y las barreras psicológicas como sugiere la Dra. Fullbright. Un parto está visto socialmente como algo doloroso y poco placentero y a pesar de ser un acto sexual la intimidad es muy pobre. Esta falta de intimidad hace que a muchas mujeres les cueste desinhibirse y les cueste entrar en el estado emocional y psicológico adecuado para que la naturaleza siga su ritmo (¿alguien se imagina manteniendo relaciones sexuales con una multitud de personas alrededor intentando controlar el ritmo, la respiración o la postura?).Quién sabe, quizá algún se devuelva a las mujeres el poder sobre su cuerpo y lleguen a tener partos más respetuosos y placenteros.Os pongo un vídeo (en inglés) como muestra de un DVD llamado Orgasmic Childbirth (Nacimiento orgásmico) que habla de este tema:




Vía | 20 minutos
Más información | Pariremos con placer (Casilda Rodrigañez), Unassisted birth (en inglés),
Foto | Flickr (Torsten Mangner)

 

"La educación privilegia lo cognitivo sobre lo emocional", entrevista a la antropóloga María José Garrido .




educación escolar

Terminamos hoy la publicación de esta serie de entrevistas en las que, la antropóloga María José Garrido, ha repasado para nosotros teman tan interesantes como la influencia de la crianza el grado de violencia de una sociedad, la importancia del contacto físico y la atención constante, los modelos de crianza como formas de modelar individuos para una comunidad ideal y otras muchas cuestiones en las que su ciencia, la Antropología, nos ha ayudado a comprender mejor al ser humano y especialmente a los niños.

Nos queda hablar con ella de algunas cuestiones finales: la represión sexual, el sueño acompañado, los trastornos relacionados con el aprendizaje y la educación escolar en nuestra cultura analizándola de forma objetiva teniendo en cuenta las características generales de los humanos.

¿Existe relación entre la represión del contacto madre-hijo, la represión sexual y la violencia?
Entre los ache, por ejemplo, aceptan la poliginia (varias esposas con un marido) y la poliandria (varios maridos con una mujer), así como sucesivos matrimonios.
Entre los mundugumor, investigados por Malinowsky y Margaret Mead, se comprobó que el índice de suicidios y el grado de violencia eran muy altos. La lactancia materna se desarrollaba con desprecio y el contacto corporal con los niños y bebés era mínimo. Incluso el destete se producía acompañado de insultos. El grupo reprimía sistemáticamente la sexualidad infantil y no manifestaban actitudes de cariño en las relaciones sexuales entre adultos, siendo habituales incluso los comportamientos violentos.

¿Han dormido siempre los bebés y los niños junto a sus madres?
En la actualidad, en tres cuartas partes del mundo sigue siendo habitual dormir en compañía. Hasta hace unos 200 años no existieron casas con más de un dormitorio. La historia de la humanidad se ha caracterizado porque los niños jamás han dormido solos, como han demostrado, en diferentes estudios interculturales, antropólogos como James McKenna, Carol Wortham o Melvin Konner, entre otros.

¿Y de donde salen, entonces, esas ideas de que los niños tienen que dormir solos?
Las ideas sobre el sueño infantil constituyen una construcción cultural alejada de las necesidades biológicas y emocionales de los niños.
Las razones de que el sueño pasase a convertirse en un ámbito privado estriban en los valores culturales subyacentes, como la independencia y la intimidad de los progenitores (característicos del patriarcado) frente a la actitud de apego y de lo colectivo, de sociedades tradicionales.
Dejar llorar al bebé para que duerma solo, tiene consecuencias negativas en cuanto a su desarrollo. Las investigaciones neurobiológicas han demostrado que un exceso de cortisol (hormona del estrés) en edades tempranas disminuye el crecimiento neuronal y tiene efectos directos en el sistema inmunológico, por lo que puede predisponer hacia ciertas enfermedades.
En la actualidad la AEPED (Asociación española de pediatría) recomienda practicar el colecho (dormir con el bebé), con las debidas precauciones, como manera de fomentar el necesario vínculo afectivo, de permitir un desarrollo neuronal adecuado, mantener la lactancia materna y, además, proteger frente a la muerte súbita del lactante.

Muchos de los problemas que se diagnostican ahora a los niños no tienen importancia en otras culturas o se consideran naturales variaciones de la normalidad humana, ¿existen los niños hiperactivos, desatentos o disléxicos en otras culturas?
Teniendo en cuenta que en muchas culturas tradicionales se acepta la diversidad, y que el concepto de normalidad es más flexible y está menos condicionado, es posible que no se planteen semejantes cuestiones, y como dices, debe ser algo natural.
La hiperactividad, el trastorno de déficit de atención, el autismo, la anorexia, la bulimia, el estrés, la ansiedad o la depresión sólo existen en nuestra cultura. Constituyen un fenómeno que no deja de aumentar y aparecer en edades cada vez más tempranas, incluso en bebés.
Deberíamos reflexionar si el aumento de estos trastornos, síndromes y enfermedades en la infancia no están asociados a nuestra forma de vida y de crianza.
También sería conveniente analizar los valores que potenciamos en los niños y las consecuencias que tienen en su infancia y en su futuro.
La tendencia de nuestra cultura a etiquetar, diagnosticar y medir a los niños, ha convertido el proceso natural de evolución de la infancia, en algo sometido a un riguroso control.

¿Es natural para el ser humano un modelo escolar que separa por edades, separa de los padres y mantiene a los niños callados y sentados para que aprendan?
No creo que sea, desde un punto de vista biológico o cultural, ni saludable ni positivo para su desarrollo.
Las generaciones anteriores han tenido la posibilidad de crecer en un ambiente abierto, los niños jugaban juntos en la calle y canalizaban su energía. Sin embargo, ahora se pretende que estén sentados y quietos en la escuela, en casa, en los restaurantes… y al mismo tiempo, rellenamos con actividades incluso su tiempo de ocio.
En muchos casos, los niños no disponen de ningún tiempo de juego no dirigido por adultos y tienen una agenda de actividades que supera la jornada laboral legal de los adultos.
El aprendizaje es un proceso interno que el sistema educativo actual altera al pretender enseñar de forma uniforme y al mismo tiempo, cuestiones que, en muchos casos, no forman parte de la vida o los intereses de los niños.
La educación reglada privilegia lo cognitivo en detrimento de lo emocional, que es básico para un aprendizaje significativo.

Yo, que me licencié en Historia y amplié mi formación con estudios en Antropología siempre he considerado esta ciencia como la que mejor puede guiarme para comprender a lo seres humanos, tan complejos, y atender mejor a los niños sin violentar su naturaleza por pautas culturales.
Esta entrevista, por la que estoy enormemente agradecida a la antropóloga María José Garrido, me ha reforzado en esta opinión. ¿Qué pensáis vosotros?


Mireia Long | 25 de agosto de 2012


Fuente: bebesymas.com

viernes, 24 de agosto de 2012

10 libros fundamentales para la Crianza de Apego.


lectora

¡Ojalá hubiera leído estos libros antes de ser madre! Me habría ahorrado tantos miedos, inseguridades, disgustos, dudas… pero fuí aprendiendo a trompicones y muchas veces, al ir descubriéndolos, poniendo palabras a lo que sentía. Me sirvieron mucho, tanto para entenderme como para explicar a quien queria oir mis razones para criar como lo hago.

10 libros. Un número redondo, aunque hay muchos más, con estos me he quedado para hacer una lista de aquellos mejores volúmenes que podrán acompañarnos y enseñarnos en el camino de la maternidad.

  1. “Bésame mucho”. Carlos González. Este pediatra y gran escritor expone, con su verbo ágil y sus habituales toques de humor, las bases de una crianza respetuosa y empática. Indispensable. Para las madres, las abuelas, las cuñadas y las amigas. Y también para los papás. 
  2. “Dormir sin lágrimas”. Rosa Jové. Un análisis de esta extraordinaria psicopediatra que expone como el sueño infantil es un proceso evolutivo. Permite a los padres acercarse a las preguntas y posibles problemas a la hora de irse a dormir y les da la seguridad de confiar en sus niños y de acompañarlos una vez asumen que un bebé que llora es un bebé que sufre.
  3. “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”. Laura Gutman. La psicoterapéuta argentina desarrolla en esta obra un profundo y delicado análisis de la psique femenina y del modo en que la maternidad desvela aspectos ocultos, fantasmas. Nos muestra como se nos abre la posibilidad de sentir verdaderas revelaciones tras las cuales nada de cuanto sabíamos volverá a ser igual. La locura de no reconocernos a nosotras mismas en el puerperio y la comuncación emocional con el bebé son momentos irrepetibles que podemos vivir como aprendizaje y gozo.
  4. “El bebé es un mamífero”.Michel Odent. El autor es un ginecólogo reputadísimo que, en esta obra, nos desvela como la oxitocina, la hormona del amor, tiene un papel fundamental en el nacimiento. Nuestras crias, como los demás mamíferos, necesitan el cuerpo de su madre como habitat natural.
  5. “Un regalo para toda la vida”, Carlos Gonzalez El ya citado pediatra, uno de los mayores expertos en lactancia materna, nos explica los motivos por los que dar el pecho a demanda es la mejor opción para todos los niños, pues les proporciona además del alimento perfecto, una conexión con su madres y una sensación de seguridad inigualable. Y también nos resuelve las dudas y problemas que en la lactancia pueden surgir.
  6. “La revolución del nacimiento”, Isabel Fernández del Castillo. Cuando apareció esta obra por primera vez pasó casi desapercibida y en su reedición se ha convertido en un libro fundamental sobre el nacimiento respetado. La autora analiza el modelo de atención al parto en otros paises desarrollados y propone una revolución para que los padres sepamos dar a nuestros hijos un nacimiento que respete los procesos naturales y espontáneos.
  7. “El concepto de continuum”, Jean Liedloff La idea que desarrolla es que los bebés necesitan recibir las experiencias de adaptación que nuestra especie ha tenido desde que existe: dormir junto al niño, la lactancia materna, ofrecer contacto físico permanente, hacerle sentir tenido en cuenta y respetado.
  8. “Educar para ser”, Rebeca Wild. Esta obra nace de un proyecto educativo real, en el que se trabaja para permitir que los niños sean los protagonistas activos de su aprendizaje, descartando los modelos disciplinarios y directivos de la escuela tradicional. Asi se abre la posibilidad de dejar que sea el descubrimiento del mundo el que guie la formación de los niños, respetándo sus procesos en todo momento.
  9. “La represión del deseo materno”, Casilda Rodrigáñez. Este libro es apabullante, como una tromba que deja todo arrancado a su paso y permite reconstruir la idea de sociedad desde cero. Analiza los procesos históricos y las actuales tendencias que hacen pervivir los modelos patriarcales, esquemas que destruyes y anulan la capacidad femenina de sentir la potencia de la femineidad.
  10. Su hijo, una persona competente“, Jesper Juul El conocimiento revelador de que los niños, desde su nacimiento, son personas competentes capaces de expresar sus necesidades y sentimientos, además de capaces de cooperar, abre la posibilidad de una vivencia de la familia basada en el respeto y la dignidad reconocidas reciprocamente por todos sus miembros. Nos ayuda a los padres a comprender que muchas veces somos nosotros los incapaces de entender los mensajes de los niños, y lográndolo, mejoraremos su autoestima y aprenderemos a conocernos mejor a nosotros mismos.
  11. Diez libros. Seguro me dejo alguno indispensable, pero sin estos es difícil caminar. Para terminar os recomiendo que, siempre que podais, los leais acompañados de algún otro lector interesado, porque las dudas y comentarios os asaltarán continuamente. Si quereis hacerlo podeís uniros al Grupo de lectura de Criar con el Corazón, donde se leen y se comentan estas y otras obras de enorme interés.

    Más información | ACC
    Más información | Besáme mucho
    Más información | Dormir sin lágrimas
    Más información | La maternidad y el encuentro con la propia sombra
    Más información | El bebé es un mamífero
    Más información | Un regalo para toda la vida
    Más información | La revolución del nacimiento
    Más información | El concepto de continuum
    Más información | Educar para ser
    Más información | La represión del deseo materno
    Más información | Su hijo, una persona competente
    En Bebés y más | Bésame mucho
    En Bebés y más | Dormir sin lágrimas
    En Bebés y más | La maternidad y el encuentro con la propia sombra
    En Bebés y más | El bebé es un mamífero
    En Bebés y más | Un regalo para toda la vida
    En Bebés y más | La revolución del nacimiento
    En Bebés y más | El concepto de continuum
    En Bebés y más | Educar para ser
    En Bebés y más | Lecturas recomendadas


    Mireia Long   3 de julio de 2008  


    Fuente: bebesymas.com

Las escritoras indispensables: Casilda Rodrigáñez.

Portada de "El asalto al Hades"

Hoy empiezo una recopilación de esas escritoras indispensables, mujeres y madres, que nos abren los ojos y la mente para desarrollar nuestra vida con más seguridad y plenitud. Y comienzo con la más interesante y dura de todas, Casilda Rodrigáñez Bustos.

Hay multitud de libros en el mercado dirigidos especialmente para las madres y también para los padres, muchos de ellos escritos por mujeres desde la perspectiva de su maternidad y de vivencias profundas o conocimientos adquiridos tras muchos años de experiencia profesional, que pueden servirnos de ayuda para afrontar el ser una familia que educa desde el respeto y la empatía.
Comienzo con Casilda Rodrigáñez, quizá la que supone una lectura más densa y tensa, llena de ideas complejas, que aborda la femineidad y la maternidad desde un punto de vista antropológico, desarrollando teorías sobre la violencia en la sociedad y en nosotros mismos que nos van a suponer una profunda convulsión y que, estemos o no conformes con sus conclusiones, van a retarnos a que pensemos.
El útero de una mujer que no ha sido sexualmente reprimida desde la infancia, funciona perfectamente, produciendo placer y no dolor; pero el útero de una mujer cuya sexualidad se ha paralizado desde niña, funciona de una manera patológica y con dolor.
Casilda es autora de obras como “El asalto al Hades”, “Pariremos con placer” y “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente”. Sus obras se pueden descargar desde su página web directamente y también seguir muchas de sus reflexiones.
El origen de la violencia de hecho se conocía ya en el patriarcado primitivo. Los vikingos colgaban a los bebés de un árbol bajo la nieve, y los espartanos los tiraban montaña abajo, para que el acorazamiento de los supervivientes les convirtiera en guerreros capacitados para la crueldad. Eran formas bruscas de congelación del sistema libidinal; ahora son más sutiles, lentas e invisibles.
Se trata de una escritora y bióloga nació en Madrid en 1945 y destaca por su visión antipatriarcal del parto, la maternidad y la sociedad en general.
Esta es la gran impostura, la madre de todas las imposturas, el dogma básico que subyace al discurso de la dominación: creer que el ser humano es el arquetipo viril que ha sido y es protagonista de nuestra historia patriarcal, una historia de guerra entre los sexos, de dominación, esclavitud, sufrimiento humano y saqueo. Creer que somos esto, que las criaturas humanas tienen un tánatos innato, que nuestr@s hij@s son tiran@s, vag@s y perezos@s, que la letra sólo con sangre entra, y que la paz de los sexos es sólo posible mediante un pacto de sometimiento a una regulación artificial .
Podemos encontrarla en dos páginas, Casilda Rodrigáñez y Pulpos y medusas. Para mi misma ha sido una de las lecturas más duras y esclarecedoras a las que me he enfrentado y sigue siendo una fuente de inspiración constante.
Seguiré haciendo, tras esta presentación de Casilda Rodrigáñez, un repaso a las grandes escritoras que pueden, en mi opinión, aportar mucha información y reflexión a nuestros lectores.

Más información | Pulpos y medusas

Mireia Long   8 de mayo de 2010


Fuente: bebesymas.com

Monitos desnudos: la crianza según Desmond Morris.


monito desnudo

Siento verdadera fascinación por los primates, nuestros más cercanos parientes en el resto del reino animal. Pese a nuestra racionalidad, que no creo, de hecho, patrimonio del Sapiens Sapiens, tenemos mucho en común con ellos y suelo buscar en sus comportamientos la explicación de nuestras acciones y reacciones. Somos, antes que nada, monos desnudos, y nuestros bebés, puramente instintivos, merecen ser tratados como monitos desnudos como explica el zoólogo Desmond Morris.

 

Zoología del Humano


La diversidad cultural humana y nuestras infinitas diferencias siempre tienen un nexo común, nuestra naturaleza mamífera y primate, y, casi en todos los casos, construir civilización contraria a lo que somos en estos aspectos, no suele ser bueno para los bebés, los niños y tampoco para los adultos. Conocernos es necesario para ser felices y conocernos supone entender al ser humano con la perspectiva de un zoólogo.

 

Desmond Morris


Uno de mis antropólogos de cabecera, es, sin dudarlo ni un momento, el polémico Desmond Morris. Se trata de un antropólogo y etólogo inglés nacido en 1928 autor de obras tan famosas como “El mono desnudo”, “El zoo humano”, “Comportamiento íntimo”, “El animal humano: Una visión personal de los seres humanos” y “La mujer desnuda: Un estudio del cuerpo femenino”.
El trabajo de Desmond Morris es muy original. Analiza al ser humano y su conducta como si investigara, como zoólogo, cualquier otra especie, y llega a conclusiones enormemente interesantes en muchos aspectos y también en lo que se refiere a la crianza, el parto o la lactancia. Usa, por supuesto, datos arqueológicos, históricos y psicológicos, pero todo sirve para explicar la naturaleza animal de muchas de nuestras conductas, aunque me centraré en lo que se refiere a la crianza.
Como zoólogo cubre aspectos sexuales, sociales, de crianza y alimentación llegando a conclusiones controvertidas en su época, algunas puestas en duda o refutadas, pero en general, enormemente significativas.

 

Los senos de las hembras humanas


Por ejemplo, su explicación sexual del aspecto hemiesférico de los senos femeninos, me pareció ya fascinante en su momento, cuando era estudiante. Los monos mantienen relaciones sexuales accediendo a la hembra por detrás, por lo que, al pasar al bipedismo, esta imagen falta y el macho humano se exita en buena parte de forma visual.
El seno femenino se convierte en un reclamo hemiesférico que refleja la pulsión primate y por eso toma la connotación sexual en el humano: es, perdonadme por la expresión, un culo en mitad del pecho.
Eso explica que, en realidad, el tamaño del seno no importa a nivel alimenticio. Los senos pequeños pueden producir leche igual que los grandes, aunque sean menos atractivos sexualmente para algunos de los machos de la especie. Otros mamíferos alimentan a sus crías con senos pequeños, que no sobresalen y el pecho de la hembra humana puede tener esa función, que es la primordial, sea grande o pequeño.

 

La lactancia en el mono desnudo


La lactancia del mono desnudo es una lactancia a demanda. Hay animales, como los lobos, que segregan leche muy concentrada, pensada para un amamantamiento con un largo espacio de tiempo entre hora y hora, con las crías en la madriguera.
Sin embargo, la leche de la hembra humana cambia de composición en la tetada y se adapta a las necesidades de su cría según el momento y la edad de esta, siendo, por la propia y especial naturaleza del bebé humano, que no puede estar solo en la guarida ni agarrarse, siquiera, el pelaje de la madre, necesario tenerlo en los brazos y darle acceso libre al amamantamiento continuamente.

 

Crianza de los humanos


La enorme implicación del mono desnudo en la crianza de los hijos es destable. Los bebés humanos precisan un amamantamiento natural de, al menos, dos años, lo que supone que la hembra que amamanta a demanda tenga un espaciamiento natural de unos tres años entre los hijos, lo que además, es necesario ya que el niño humano precisa ser llevado en brazos y no puede aferrarse al pelaje como en otras especies.
El sueño del bebé humano es, naturalmente, acompañado, tanto por seguridad instintiva como por pulsiones que le hacen descansar mejor junto al seno materno y el sonido de su corazón. En eso no nos diferenciamos de nuestros parientes que duermen con sus crías hasta que estas son independientes para cuidar de ellas mismas.
La misma adquisición del lenguaje y la búsqueda de los padres en momentos de peligro tienen explicación, también, zoológica. Los niños humanos buscan a sus padres cuando hay peligro y no tenerlos cerca pone en marcha sus mecanismos de miedo.

 

El mono docente


El mono desnudo es, además, un mono docente y las crías precisan del ejemplo de sus padres y de otros adultos del grupo familiar, para aprender a comportarse por imitación.
Los niños humanos tienen una infancia muy larga y tienen que aprender muchas cosas. Su instinto es la curiosidad y aprenden por imitación y ensayo. El error es necesario para aprender tanto como lo es la supervisión del adulto de referencia.
Es, además, llamativo, que las respuestas violentas aumentan según aumenta el número de niños por cuidador adulto.

 

Mis gurús


Hace poco os confesaba que no creo en los gurús de la crianza, y es cierto, pero, si tuviera que decidirme por dos autores que han sido y son fundamentales en mi cosmovisión tanto en lo que se refiere a los niños como, en general, en la explicación del Humano y su Historia, me decidiría, sin dudarlo, por Desmond Morris y por Casilda Rodrigáñez.
No creo todo lo que dicen, pero me han hecho aprender y cuestionarme todo para lograr encontrar mis propias razones y certezas, si es que la certeza, en lo humano, es posible.
Añadiría a esta lista de gurús a un filósofo de mala fama, por la apropiación y malinterpretación de sus obras por el nacismo, pero trasciende la temática de esta blog y precisaría demasiado análisis textual para encuadrar su defensa de los impulsos del hombre en este blog. Lo dejo, por tanto, en barbecho.
Resumiendo y volviendo a Desmond Morris, somos monos desnudos, y muchas de nuestras necesidades y especialmente las de nuestros retoños, deberían ser entendidas con la perspectiva de un zoólogo que expone y explica que, antes que nada, somos solamente monos desnudos y nuestros bebés, monitos desnudos.

Más información | El mono desnudo

Mireia Long   18 de febrero de 2011


Fuente: bebesymas.com